Este blog nace de una mezcla un poco incómoda, pero honesta: curiosidad, cautela y gusto por entender cómo funcionan las cosas.
Vivimos rodeados de tecnología que promete facilitarnos la vida, pero muchas veces no nos detenemos a pensar qué implica usarla, qué cedemos a cambio o qué hábitos estamos construyendo sin darnos cuenta. Aquí intento hacer ese ejercicio: parar un momento y mirar con más atención.
No escribo para convencer, ni para imponer una visión única. Es más bien un espacio para analizar, explicar y, cuando hace falta, cuestionar. A veces desde ejemplos prácticos, otras desde ideas más abstractas. Algunas entradas son directas; otras, más reflexivas. Así funciona también el pensamiento real.
El blog está orientado a personas que: usan tecnología todos los días, quieren entenderla mejor, y prefieren criterio antes que ruido.
No se necesita ser experto para leerlo, pero tampoco se subestima al lector. La idea es aprender, prevenir errores comunes y ganar un poco más de control sobre el entorno digital en el que ya estamos metidos, nos guste o no.
Si algo define este espacio, es eso: pensar la tecnología antes de aceptarla automáticamente.
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